«La diferencia entre la realidad tal como es y como me gustaría que fuera, o la relleno de juicios o la relleno de duelo».
«El corazón que se rompe puede contener todo el universo».
Expresar el dolor siempre ha sido un desafío, pero ahora más que nunca la cultura en la que estamos inmersas no propicia los espacios donde el dolor pueda ser reconocido y atendido.
El duelo es un acto de amor. Transitar el dolor, ya sea por pérdidas grandes o pequeñas, la experiencia de nuestras necesidades insatisfechas, es un proceso que nos conecta con lo esencial, con lo que amamos y queremos cuidar. La aflicción no tiene por qué ser un estado pasivo que estás atravesando, puede ser un lugar de involucración personal y colectiva, de indagación y sostén mutuo. Me gusta acompañarlo desde la mirada de la CNV y también me inspiran los trabajos de Miki Kashtan, Joanna Macy, Holly Truhler y Francis Weller, para llenar el duelo de amor y escucha.
Darnos permiso para honrar los duelos y acompañarlos con amor y compasión es una parte esencial de la vida y para mí también de una actitud noviolenta.
Propuesta
Formato: talleres y procesos de acompañamiento (individuales y grupales) con prácticas de CNV, ritualidad sencilla y cuidados comunitarios.




