«Si me permito ser vulnerable es precisamente porque me amo lo suficiente y no me siento obligado a fingir que tengo el control de la situación todo el tiempo».
«Aceptar no es resignarse, aceptar es no rechazar».
El deporte, y la escalada en particular, son ejes fundamentales en mi manera de estar en el mundo, de cuidarlo y de cuidarme. Mi espacio de restauración preferido está en la montaña, donde un bello reto sobre una pared se convierte en el lugar de reconexión. Al otro lado de mi cuerda, mis seres queridos, y todo vuelve a su centro. En ese instante, el mundo se alinea y la vida respira.
Me ilusiona entrelazar mi pasión deportiva con mi trayectoria acompañando personas, para ofrecer un espacio de apoyo a quienes creen que un acompañamiento cercano les puede ayudar para atravesar las dificultades que pueden surgir en el camino deportivo: ya sea frustración, miedo, exigencia o cualquier otra creencia o narrativa que limite la experiencia.
Mi propósito es contribuir a que la práctica de estas actividades se viva de la manera más auténtica y plena posible, sin que las barreras internas interfieran en el disfrute y la libertad de ser y moverse para experimentar la práctica tal como cada una desea.



